4+1, 3+2

En solo tres años, un estudiante puede obtener en la Universidad de Cambridge, la cuarta mejor del mundo, un “Bachelor with Honours”, BA (Hon), en Economía. Más que nuestro Grado, porque permite acceder al doctorado. Pero en España hay que dedicar cuatro años de tiempo y dinero para obtener el Grado en Economía, que no diremos que es peor que el de Cambridge, pero podríamos hacer una encuesta al respecto: ¿saben menos los egresados de Economía en Cambridge que los de cualquier universidad española? Sin embargo, han ahorrado un año de su juventud y su renta, que queda disponible para otros estudios o experiencias profesionales. En el caso de España, los contribuyentes nos habríamos ahorrado 9 de cada 10 euros del coste de ese año suplementario en el grado.

Aunque en el espacio de Bolonia el equivalente a nuestros grados oscila entre 3 y 4 años, no es infrecuente hallar grados de tres años y de alto nivel (por ejemplo, en la Universidad de Amsterdam, muy bien clasificada igualmente). Por tanto, la ecuación entre calidad de los estudios y duración de los mismos no debe tomarse como un dogma de fe. Algunos grados, efectivamente, pueden “pedir” por su propia naturaleza más de tres años. Otros claramente no.

Complementariamente, 1 año puede ser poco para la diferencia que un Máster se supone que debería anotar respecto de un Grado. Una verdadera y positiva especialización quizá requiera 2 años de Máster.

En consecuencia, las campañas simplistas contra el 3+2 no solo ocultan los defectos del 4+1, sino que impiden reflexionar con rigor sobre una realidad que es compleja. Una cosa es la pedagogía y otra la economía. El problema pedagógico del 4+1 o el 3+2 seguiría existiendo aunque todos los cursos fueran absolutamente gratuitos. Porque si un grado no necesita cuatro años, aunque sea gratuito hace que el estudiante dilapide innecesariamente su vida (uno de los mejores años de su vida, podríamos decir, pues tiene normalmente 21 años). Podría estar haciendo cualquier otra cosa: aprender idiomas en el extranjero, vivir su primera experiencia laboral, desarrollar un proyecto solidario, iniciar otros estudios complementarios… Incluso no hacer nada y reflexionar a fondo sobre su futuro sería más inteligente que pasear libros y apuntes por el campus cuando no hay verdadera necesidad.

Una parte del dinero que se ahorra en servicios a los años superfluos de grado podría destinarse a abaratar las matrículas de los másteres, aumentar las becas de grado, o fortalecer la docencia online. Y con estructuras de tres años, las universidades españolas serían más atractivas para estudiantes extranjeros, por ejemplo los irlandeses, portugueses o franceses. No como ahora, que son disuasorias (¿quién de Cambridge vendrá a hacer aquí en 4 años lo que allí hace en 3?).

2016-05-25T16:57:15+00:00

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