“En Cantabria no para de incrementarse el número de incendios y la superficie quemada”, según Virginia Carracedo

Virginia Carracedo, Profesora Ayudante Doctora del Dpto. Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria, es la organizadora de uno de los primeros Cursos de Verano que se celebrarán en Santander en la presente edición. Se trata del monográfico ‘De la extinción a la gestión integral de los incendios forestales: experiencias y propuestas’ que se celebrará del 5 al 7 de julio en el Salón de Actos del Edificio Tres Torres, Torre A, planta 0.

Ella misma, en una entrevista en exclusiva a EL GALLO, nos cuenta lo más destacado de este curso.

 

EL GALLO.- Virginia, cuéntanos sobre qué vais a hablar en este curso.

VIRGINIA CARRACEDO.-La gestión de los incendios forestales en España y también en Cantabria se ha centrado, hasta muy recientemente, en su extinción. Las grandes inversiones que ha habido, sobre todo a partir de los años ochenta, en medios materiales, técnicos y humanos, han permitido que en la actualidad la mayor parte de los incendios se apaguen muy rápido y la mayor parte de ellos no pasen de conatos (menos de 1 hectárea). Sin embargo, cada año hay 12.000 incendios y 100.000 hectáreas quemadas de media en España. Los expertos señalan que se ha llegado a un tope y que por mucho más que se invierta en extinción no van a disminuir estas cifras.

Al tiempo, los efectos de la despoblación del medio rural, que conlleva el abandono de los usos tradicionales del monte y con ello una mayor acumulación de biomasa y, como no, también los del cambio climático que implica un incremento de las épocas de mayor riesgo, son cada vez más visibles y, en el campo de los incendios, se traduce en eventos cada vez más intensos y virulentos como los que acabamos de ver recientemente en Portugal y Doñana.

En relación con ello el curso está orientado a mostrar experiencias y propuestas, que se están desarrollando en la actualidad en torno a la gestión integral de los incendios forestales, un tipo de gestión que va más allá de la extinción y se centra en mayor medida en la previsión de escenarios futuros y en la prevención activa (educación ambiental, desarrollo rural, formación cualificada, manejo del fuego, conciliación de intereses…).

 

EG.- ¿A quién está dirigido?

VC.-El curso está orientado a cualquiera que esté interesado en esta temática, aunque resulta especialmente interesante para administraciones, entidades o empresas implicadas en gestión y ordenación del territorio, planificación forestal, desarrollo rural, educación ambiental, conservación, ganadería…ámbitos que directa o indirectamente se ven afectados por los incendios forestales.

 

EG.- En este curso se habla de extinción y gestión integral. Cuando ocurre una catástrofe de este tipo, ¿qué es lo más importante?

VC.-Está claro que cuando ocurre un incendio catastrófico, un gran incendio forestal, y sobre todo si este supone un riesgo para las personas o sus bienes, lo primero en lo que hay que pensar en su extinción (aunque este es un tema del que podríamos hablar mucho más ya que en algunos países, como EEUU, hay incendios que no se apagan a propósito, solo se controlan, precisamente como medida de gestión preventiva). Sin embargo, si existiera una buena gestión previa seguramente se hubiera evitado ese incendio catastrófico por lo que es imprescindible, sobre todo ahora que hay un mayor riesgo de lo que los expertos denominan incendios de 5ª generación, que implican la simultaneidad de grandes incendios que llegan a colapsar los sistemas de extinción, que comencemos a gestionar el territorio con anterioridad.

 

EG.- Dentro de la gestión, ¿hay cabida para la prevención de los incendios?

VC.-Como ya he comentado anteriormente, la prevención es primordial, mucho más que la extinción, y no únicamente la prevención directa (cortafuegos, balsas de agua, pistas, selvicultura preventiva, etc) sino principalmente la prevención activa, la que implica a la población que vive y/o utiliza ese monte, e incluye acuerdos pactados, conciliación de intereses, educación ambiental, desarrollo rural, formación cualificada, manejo del fuego…porque la extinción apaga fuegos pero la prevención activa, y la previsión de escenarios futuros, los evita.

 

EG.- ¿Qué singularidad tiene la montaña cantábrica para que la gestión de un incendio sea diferente a otros sitios?

VC.- Los incendios de la montaña cantábrica son bastante diferentes a los del resto del país. La principal singularidad de los incendios de este ámbito tiene que ver con su estacionalidad, ya que la mayor parte de los incendios se originan, de forma intencionada, entre finales del invierno y comienzos de la primavera, principalmente en febrero y marzo. Una estacionalidad que a su vez está vinculada a la motivación que se les atribuye a la gran mayoría de ellos, el mantenimiento y la regeneración de los pastos antes de la subida del ganado a los montes a finales de la primavera, lo que implica también que la mayoría de las superficies quemada sean formaciones no arboladas de matorral.

A ello se une que, como estamos en un ámbito atlántico y húmedo, a priori poco propicio para la propagación del fuego, los incendiarios se aprovechan de unas condiciones climáticas muy concretas como el viento sur o, cada vez en mayor medida, las situaciones anticiclónicas, que aunque duran muy pocos días son suficientes para quitar humedad a la vegetación y que esta sea capaz de arder, lo que conlleva otra singularidad de estos incendios que es su simultaneidad. La mayor parte de los incendios de todo el año se concentran en unos pocos episodios, cada uno de los cuales dura a su vez unos pocos días, en los que se dan las circunstancias apropiadas para la ignición y propagación del fuego.

Otra singularidad que se observa, sobre todo en Asturias y Cantabria, es que tanto el número de incendios como la superficie quemada no paran de incrementarse año tras año, una dinámica contraria a lo que se observa en la gran mayoría de las provincias españolas donde, sobre todo desde mediados de los 2000, ambos indicadores disminuyen.

Además, cada vez tenemos incendios de mayor tamaño, por encima de las 100 ha, y se observa una mayor incidencia en el arbolado y una mayor afectación a los espacios naturales protegidos.

Lo anterior justifica sin ninguna duda una gestión diferenciada de otros ámbitos como puede ser el mediterráneo sin embargo, incluso dentro de la montaña cantábrica, las situaciones son muy variadas y cada vez parece más claro que, cuando se puede, lo idóneo es gestionar a escala de monte, algo que el Plan Estratégico de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales, recién aprobado en Cantabria, ya considera.

EG.- ¿Qué es lo más importante que van a poder descubrir los alumnos en este curso?

VC.- Como en el curso anterior, “Incendios Forestales en la montaña cantábrica. Buscando soluciones”, creo que algo significativo que se van a llevar los alumnos que asistan al curso es una visión más global, el año pasado en torno a la problemática, y este año en torno a las soluciones y propuestas en las que entre todos podemos trabajar para conseguir, si no eliminar por completo, si disminuir la incidencia de los incendios forestales en nuestro entorno. Y como en el curso anterior, el hecho de que asistan personas con perfiles, formaciones, enfoques y convicciones muy diferentes, muchas veces fuertemente enfrentadas, y que se escuchen, ya es algo importante, algo que se llevaron los alumnos del curso pasado y algo que, sin duda, se van a volver a llevar los que asistan a éste.

 

2017-07-04T10:18:33+00:00

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