Conformismo, no

El próximo contrato-programa entre el Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria determinará las posibilidades de progreso de nuestra universidad pública para la próxima década, hasta que en 2026 se ponga de manifiesto el precipicio demográfico que conducirá a una reconversión universitaria española no muy distinta de la que hemos visto en las cajas de ahorro. Ante esto, políticos y gestores pueden hacer dos cosas: encogerse de hombros y pasarle la patata caliente a los que vengan detrás (ya sin margen para arreglar nada), o ser proactivos y articular una universidad competitiva nacional e internacionalmente, capaz de sobrevivir en un entorno mucho más exigente.
El contrato-programa va de eso y no de arañar lo que se pueda (por parte de la UC) o conceder solo lo necesario para que la universidad no proteste (por parte del Gobierno regional). La combinación de ambas estrategias nacería de una insuficiente visión de lo que se necesita y, por tanto, produciría una insuficiente inversión, tanto en calidad como en orientación.
El temor es más que justificado por el hecho de que la UC siempre ha tenido un perfil muy institucional, y se le hace muy cuesta arriba plantear ciertos debates públicamente, por lealtad a las autoridades autonómicas del momento. Pero sobre todo es un temor justificado por el neoliberalismo presupuestario abrazado por la izquierda cántabra gobernante, desde las orillas del regionalismo hasta las del podemismo.
Ha habido un terrible recorte de unos 80 millones de euros en la ejecución del presupuesto de 2015, y no hay ninguna apuesta transformadora en el presupuesto de 2016, en el sentido de una Sociedad del Conocimiento. Al contrario, una y otra vez se muestra un claro empeño de ir cumpliendo lo que muchas otras regiones no están cumpliendo, y hacerlo además en perjuicio de los propios cántabros.
Cantabria necesita una convergencia con los criterios de la Eurozona mucho más suave que la planteada hasta hoy.
Dentro de esa convergencia más tranquila, el margen de déficit adicional debería emplearse en educación superior, investigación y transferencia tecnológica, porque ese sí es un modelo alternativo a industrias maduras y a un agro agónico.
Lógicamente, si el Gobierno cántabro no defiende el espacio de respiración presupuestaria, irá asfixiando todos aquellos proyectos importantes que de la autonomía dependen, entre ellos el desarrollo de una universidad de excelencia.
“Generosidad” no es la palabra. “Responsabilidad”, sí.

2017-01-03T13:01:59+00:00

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